Rio

Mi primera parada en América Latina, y me enamoro de esta ciudad. Por primera vez, me siento totalmente a gusto en un puerto. Como si fuera de aquí, o lo hubiera sido, o lo quisiera ser. Ha habido barrio de Santa Teresa, con sus hermosas casas coloniales en decadencia llenas de grafitis, un perfume de Lisboa en el aire. Ha habido Ipanema, playa, vida de playa, chulos de playa, bañador de… mínimos. Ha habido succo de açai, de avocado, de acerola. Ha habido sandwich de plátano, canela y queso. Ha habido, en definitiva, un dia estupendo.

Y para la noche, concierto a cargo de la ONG Afroreggae, en la favela de Río. Sonaba peligroso, pero no lo fue. Nunca he sudado tanto. Ha habido, en definitiva y también, una noche estupenda. Desde el puerto de Río, con su también estupenda conexión a internet, os mando mil abrazos y muchos, muchos, besinhos.

Tudo bem.

Walvis Bay, CA

Llegamos a las 8h de la mañana, nos fuimos a las 11h30, de la mañana. Namibia intensiva.

Me (nos) sorprendió ver que Walvis Bay… es casi una ciudad de California. Avenidas enormes, y chalets que desfilan no tras otro a ritmo de cuatro por cuatro de lujo. Muy americano.  Vimos la duna 7 (7 porque es la séptima más alta del mundo, y nos reimos pensando lo bien que se lo debe pasar quien se dedica a medir dunas por el mundo) y una laguna en la que los flamencos hacen su pausita entre migración y migración. Había pocos flamencos, así que Meme y yo, un poco por decepción o por aburrimiento, hicimos una serie documental sobre cómo asustar a los flamencos. A ver si los cuelgo en youtube porque hacía tiempo que no me reía tanto.

Grandes avenidaaaaaas

En cuanto a la duna 7, me recordó la de Bolonia. Subes y subes y subes y tienes la sensación de haber subido media duna, miras para abajo y estás a 7 metros… jejejeje Nos divertimos como enanos, tirándonos en la arena, dando botes o simplemente disfrutando de las vistas y del cielo. Nos hacía falta un momentito así, y Namibia nos lo dio.

Ciudad del Cabo. Juntos, pero no revueltos.

Cuánto tiempo queriendo ir al cabo de África, y por fin un sueño realizado. Encontrarme con el cruce del Océano Índico y mi amado Atlántico ha sido una experiencia que se me ha grabado en la memoria. Tengo la imagen mágica del Cabo de Buena Esperanza clavada en la mente. Me basta cerrar los ojos para volver a verme allí. El sitio se volvió muy turístico, pero a la vera hay una playa, completamente salvaje, impresionante. La playa em transmitió una sensación que no puedo explicar con palabras… mezcla de fuerza del oceano por las olas y las rocas alisadas por la erosión del viento y del agua, suavidad de la arena, libertad y límpido cielo azul y efervesciente vida por la vegetación que rodeaba el lugar. Verde, azul, blanco y tierra.

Pero Ciudad del Cabo es ante todo una ciudad muy occidentalizada, con sus centros comerciales, sus grandes avenidas y sus Mac Donalds. Como llegamos casi a la hora de comer, y nos sobraba tiempo antes de ir al cabo de Buena Esperanza, lo primero que hice allí fue ir tomarme… UN BUNNY CHOW!!!! Sí señor, después de haber visto la película en el FCAT, yo no me iba de Cape Town sin tomarme un Bunny Chow. Y me lo tomé, riquíiiiiisimo. Ahí va foto testimonio de Bunny Chow de pollo

Luego dimos (Tara y yo) una vueltecilla por l centro, y fuimos al museo de District 6, que no es nada del otro mundo…. Y de alli, ¡¡directas para el Cabo!! Contratamos un tour, porque no teníamos tiempo. Fue buenísima idea porque en el coche estábamos el guía, Tara y yo. Ná más. Ole tour privado, parando donde queríamos por el camino…fue buenísimo. Paramos en un sitio donde había también pingüinos, y ví un animal muy raro, que es como una rata gigante… pero no recuerdo cómo se llama. También vimos monos (babooooons) en distintas posiciones…

Para acabar cenamos en el Waterfront en un sitio que nos aconsejó un camarero de un restaurante. Homenaje pasta. Homenaje bebida (fíjate en el vasito…).

Lo que sí me llamó la atención fue que el apartheid sigue presente. Muy pocos blancos cenando con negros, y viceversa. Juntos pero no revueltos. Tiempo al tiempo, supongo / espero.

Más fotos:

Mum bus A

El 19 y 20 de enero pasé mi primera noche fuera del barco. Fue en Mombasa, Kenia. La mayoría de los profesores se fueron de safari a través de excursiones del barco. Erin (profe de inglés), Saleem (profe de inglés), el pequeño Yuta (hijo de una invitada de Kenia que estuvo en Peace Boat) y yo preferimos quedarnos para vivir de cerca el proyecto en el que mi compi profe de inglés, Meme, estuvo involucrada en Nairobi.

Los 4 fantásticos en las calles de Mombasa: Yuta, Erin, Saleem y yo

Antes de subir al barco, Meme estuvo trabajando con niños huérfanos de Nairobi en un proyecto educativo de sensibilización sobre el Sida. Al llegar el barco a Mombasa, Meme organizó un encuentro con 10 de esos niños. De esta forma esos niños pudieron ver, por primera vez, el mar. Y la verdad, si algún día vuelvo a Kenia, podré hacer un safari. Pero ver el mar reflejado en la mirada de 10 niños que lo ven por primerísima vez, es algo que no me quería perder.

Y fue maravilloso. Estuvimos un buen rato con ellos y con los miembros de la asociación de Nairobi que los acoge. Aprendí mucho de esa experiencia. Y me acordé mucho de Dot.

Luego empezó mi paranoya por la malaria. Como no quise tomar Ilariam (sólo el nombre del medicamento ya me da miedo),  me cubría de protección antimosquitos cada 5 minutos, no dejaba de preguntar a la gente por la malaria… y todos me decían lo mismo: que no se echaban nada, o que la tuvieron y hablaban de ella como de la varicela: se pasa una vez y ya está. Total, que quieras que no eso me tranquilizó, y para dormir acabamos en unas cabañas en la playa de Diani. La verdad cuando ví la cabaña pensé… dios. Lo mío con los mosquitos no es miedo. Esto ya roza la provocación.

Pues ala, naturaleza total. La verdad el sitio estaba muy bien, si no fuera porque mi grado de paranoya malariense subió un poquito cuando vi lo salvaje que era el rinconcito. Pero al menos tenían mosquitera.

Moskito fueraaaa

Llegamos a ese sitio de noche.  Y al día siguiente se abrió ante nuestros ojos… el paraíso:

Playa de Diani

La playa de Diyani es una auténtica maravilla. Es kilométrica y puedes adentrarte mucho en el mar y seguir haciendo pie. Todo un descubrimiento, gracias a Meme.

Finalmente, nos tocó despedirnos de los invitados de Peace Boat que venían de Kenia y nos estuvieron acompañando durante semanas en nuestro viaje. Nos dolió mucho separarnos de Yuta, que fue el alma de nuestras pequeñas conversaciones nocturnas en el barco, cuyas palabras clave eran, en inglés: dead monkey, bed, bellydancer, whale, superstition, hairy octopus riding on a horse. De alli nacieron un vídeo, una canción y un cuento. Para más información, consultar el blog de Saleem (kidethnic.com), que por cierto, está hecho un artihta el shiquillo!!!

Y una cosita más… en Mombasa conocí a alguien muy especial que planta guindillas. Tachááááááááááááááán…

¡¡Ahi va la foto dedicada a Gaetano!!

Almut y moi frente al Fort de Mombasa

¡¡¡Muchos besos desde el Océano Índico!!!

Besos desde Mombasa!!

Un entrada rapida, desde un teclado keniata y sin acentos para deciros que estoy en Mombasa, en una playa maravillosa. Todo bien. Pronto subire fotos!!!

Proxima parada Cape Town!!!

Seychellois et seychelloises

Playa Anse Major

Con esta foto, sobrarían las palabras. Sin embargo, tengo que comentar que (mamá no te preocupes), pero casi nos matamos en Seychelles… ¡¡y dos veces!! La primera fue cuando Meme, Erin, Tara, María y yo volvimos de esta magnífica playa desierta, Anse Major. La playa tiene incluso una laguna de agua dulce y limpita. Llegamos a ella gracias a una lancha (omitiré cómo conseguimos esa lancha, porque entonces me eternizo, pero resumo diciendo que 5 chicas en bañador tienen mucho potencial), que iba a venir a recogernos a las 2 de la tarde. Y a las 2 de la tarde, en esta linda playa, la marea había subido. La lancha vino a recogernos a la orilla… con olas de 2 metros. Casi se vuelca… El de la lancha nos gritó al ver llegar la ola: todas para adelante!!!! Para que hiciéramos contrapeso y la lancha no se volcara.

Bueno, bueno… salimos de esa calita de milagro. De verdad aún no sé cómo lo hicimos. Solo sé que tengo dos moratones históricos (uno de ellos prefectamente cuadrado…) y que vi un pez volador a la vuelta… jajjajaja llegué a pensar que fue una ilusión óptica por el susto pero mi compi María también lo vio. Igual las dos estábamos en la misma onda… jeje. Total, que sobrevivimos.

Meme y Erin, ninfas de la laguna de agua dulce de Anse Major :)

Después, Meme y yo decidimos hacer paracaídas acuático, o como se llame. Se veía estupendo, medio barco estaba pasando por ello, y solo costaba 20 dólares. Nos decidimos subir las dos al mismo paracaídas. La verdad fue maravilloso poder ver la playa y el mar desde el aire, si no fuera porque en el despegue nos caímos las dos y nos tragamos media playa de arena y agua…jajajaja La gente se preocupó y todo. Pero total, que una vez más y resumiendo, he visto las Seychelles muy de cerca :)

Dot

Hoy llegamos a Manila (Filipinas). Me inscribí a un programa de Peace Boat que me aconsejaron muchísimo. El programa se denomina “Learning about sexual explotation in Philippines”. Fuimos a visitar la ONG ECPAT, que lucha contra el tráfico sexual de niños y jóvenes en el país. Tenía un poco de miedo a este prograna porque soy bastante sensible al tema, pero me lo aconsejaron tanto que me acabé apuntando. Y ahora, no me arrepiento para nada de haberlo hecho. Ha sido una de las experiencias más bellas e intensas que he tenido en mi vida.

Fuimos a una de las sedes de la ONG, y allí nos acogieron unos 20 o 30 niños de 10 a 20 años de edad. Algunos eran voluntarios de la ONG, otros eran niños en riesgo que eran acogidos en la sede. Todos cantaron para nosotros canciones y dos obras de teatro que van representando por los pueblos para sensibilizar sobre el tema, y la verdad, lo hicieron tan bien que a pesar de ser en tagalog (la lengua de Filipinas), lo entendimos todo. Cantamos, reímos, bailamos, comimos juntos. Hicimos origami, juegos, visitaron el barco… Yo me hice una nueva amiga, la hija de una de las organizadoras de la ONG, Dorothy, de 12 años. No sé por qué, pero las dos conectamos de una manera increíble. Al principio ella era super tímida, como todos los demás niños. Pero al final, desapareció la timidez, ella incluso venía a por mí para darme la mano, me buscaba para sentarse a mi lado… entendía perfectamente inglés, pero estaba mudita y no me contestaba ni en inglés ni en tagalog, por timidez. Cuando me tuve que ir en el barco, lloró tantísimo en las faldas de su madre, que ni me podía mirar. Su madre me miraba y sonreía como diciendo, no te preocupes que está bien!! No creo que ella notara que la que lloraba también, era yo desde el barco. Nos despedimos todos de los niños lanzando lazos de colores, que ellos pillaron al vuelo desde el puerto. Le lancé (después de 3 intentos fallidos) un lazo a Dorothy y lo cogió su madre. La pobre “Dot” no pudo cogerlo porque lloraba tantísimo!!!!! El barco se fue alejando del puerto y los lazos que nos unían con nuestros nuevos amigos se fueron rompieron poco a poco, pero yo no solté mi cabo en ningún momento, y la madre de Dot tampoco. Sin decirnos nada, ambas recogimos y enrollamos nuestra parte del lazo alrededor del puño para guardarlo. Con ese gesto simultáneo y nuestras miradas, ambas nos dimos la promesa silenciosa de que ese lazo no se había roto esa noche, sino que se mantendrá mucho tiempo más.

Uno de los tesoros que me he llevado de esta experiencia ha sido, sin duda, conocer a Dot.

1 de enero

El primer día de 2010 a bordo del Peace Boat ocurrió en algún lugar del Pacífico entre Taiwan y Filipinas. Desperté a las 7h30 para estar a las 8h preparando mochi, una masa que se hace aplastando el arroz cocido. No es que me diera por investigar a lo Ferrá Adriá diferentes formas de hacer el arroz el primer día del año, no: se trata de una costumbre japonesa que se realiza el primer día de cada año. Otra costumbre es vestirse en kimono ese día. Yo no tenía ninguno allí, así que me pasé tres veces por la sala en la que las mujeres iban con su kimono para que las ancianas japonesas compartieran su saber y se los pusieran como debe ser. Sí, tres veces me pasé por ahi, y a la tercera le debí dar pena a una, porque la anciana japonesa me dijo en japonés algo que no sabré repetir pero que significaba: “anda niña, pesá, deha ya de í y vení y sígueme que teviadehá mi kimono”. Y la señora me dejó su kimono!!!!!!!!! Yo encantada a pesar de que ella medía 1 metro 60, jajajajaja… Me quedaba por debajo de la rodilla, pero yo igual de ilusionada :)))) Me lo puso al estilo “moderno” (eso me dijeron, no sé si a modo de consuelo porque me quedaba demasiado corto…). Me encantó que me lo pusieran, paso a paso, todo con su orden y protocolo. Y una vez lista y prepará, me fui a la piscina y me puse a darle al mochi con un mazo y a repartir sake (no saben ná los japos, el 1 de enero ni churros ni chocolate, ¡sake!).

Repartiendo sake a tutiplén

La verdad es que fue un día largo. Después de hacer el paripé con los compis sobre el tatami del Ágora (o zona “Free Space” del barco), me apunté de voluntaria a la ceremonia del té para ayudar. Pensé que me iban a tener montando el chiringuito, o en una esquina mezclando té, o sacando sobrecitos, o doblando servilletas… qué sé yo. Pues no. ¡¡¡¡Me tocó servir el té!!!!!! Con lo complicado y minucioso que es eso. La experta me dio un minicurso de 5 minutos y ala, estuve sirviendo el macha (té verde) durante casi dos horas. Para dar un ejemplo de lo complicado que es: me corrigieron dos veces porque, tras arrodillarme, colocar la taza de té frente al invitado como debe ser y hacerle la reverencia para que beba, al levantarme salí con el pie derecho en vez del izquierdo. Fite tú qué cosas. Pues así, dos horas. Acabé muerta y preguntándome por qué estaba TAN pero TAN cansada ese día. Mi compañera de habitación Sora me dijo que era por haber llevado el kimono tanto tiempo sin estar acostumbrada: haces pasos más cortos, como si corrieras, y sobre todo, te impide respirar bien por el obi que te presiona y rodea la cintura. Cierto pues. No lleven kimono mucho tiempo vaya a ser que se me desmayen señoras. A pesar de ese pequeño efecto secundario, yo encantá de ese día y de esta experiencia que volvería a repetir sin duda alguna. AKEMASHITE OMEDETOU (feliz año) a todos!!!!!

xin nian kuai le!!!!

and HAPPY BIRTHDAY TO THE MOST WONDERFUL WOMAN ON EARTH,

Marilyne

(my mother, of course :)

Espero que estéis disfrutando de estas fiestas en vuestra esquinita del mundo, cada uno a su manera. Aquí en Taiwan, la verdad, ni se nota. El título del post significa feliz año nuevo en chino, aunque para ellos es más tarde, por eso será que ni se nota… Estoy en un Starbucks y dentro de dos horas estaré en el barco. Celebraremos el año nuevo en alta mar con champán. Intentaré (con todas mis fuerzas) aguantar hasta el amanecer y ver el sol asomar por las aguas del Pacífico… esta noche promete, pero el día siguiente es también muy prometedor. Los japoneses tienen costumbres muy especiales para el día 1: hacen Mochi (mañana descubriré lo que es, porque estaré ahi dale que dale machacándolo en un mortero enorme… a las 8 de la mañana), se ponen sus kimonos (también me he apuntado, 8:15 de la mañana) y las mujeres juegan a una especie de bádminton con poses muy a lo geisha (creo que eso me toca a las 10h de la mañana). Total, que con esa mañana y esta noche, me parece que el paso de 2009 al 2010 va a ser largo!!! pero eso sí, sin duda uno de los más especiales que voy a vivir.

Hasta el año que viene :)

Como siempre, haciendo la loca. En Keelung (Taiwan)

Welcome onboard

In-ter-neeeeeeeeeeeeeeee!!!!
Desde Taiwan, por fin una conexión a Internet. No pude despedirme como es debido el día 28, día que embarcamos en el Peace Boat, ni antes porque no-he-pa-ra-do!!!!

El 27 tuvo lugar el “Open Boat”, es decir que ese día pudimos visitar todos el barco por dentro, sus instalaciones, sus habitaciones, el restaurante, etc. (la suites son la caña). El barco tiene piscina, gimnasio, sala de masajes, salón de belleza, una discoteca, una sala de eventos, una tienda… total, que el día 27 pude ver que es un señor barco muy bien equipado, y que es un laberinto por el que me voy a perder más de una vez. Y al día siguiente…. ¡¡¡¡embarcamos!!!!

Fue muy emocionante. Subimos con nuestras maletas y las dejamos en nuestra habitación. En mi habitación somos tres: comparto con Tara, canadiense, profe de inglés, y Sora, japonesa, intérprete de inglés y japonés (hay 9 en el barco y los llaman CC: Communication Coordinators). Me alegra que tengamos una habitación más grande de lo que me imaginaba, con dos ventanitas, que aunque son pequeñas, dan al exterior, por lo que cada día nos levantamos viendo el mar y el cielo. Luego nos dirigimos a la recepción a dar la bienvenida a los pasajeros y a ayudarles a llevar sus maletas a sus respectivas habitaciones. Una excusa para presentarnos a ellos, todo un reto para quien, como en mi caso, intenta chapurrear en japonés rompiéndose la espalda al mismo tiempo. Lovely. A las 13h, el barco salió por fin de Yokohama. Mil lazos de colores lanzados por los pasajeros desde el barco los unían a sus seres queridos en el puerto (o a quien atrapara el lazo y no lo quisiera soltar, básicamente). Pusieron música, hubo un brindis por la paz, por el viaje. Y el barco se puso en marcha. Los pasajeros gritaban “ittekimasu!!!” (we are leaving! / ¡nos vamos!) y los familiares y amigos en puerto respondían, también a grito pelao: “itterasshai!!!” (go! / ¡vamos!). Hubo hasta un baile que hicieron jóvenes japoneses a ritmo de tambores. Fue de veras hermoso, y así empezó nuestra aventura.

Ya en el barco, todo parece ser una carrera contrarreloj: a las 10h reunión en Free Space, a las 11h preparación de la presentación de profesores en Broadway, a las 12h a comer, a las 16h a la conferencia de X en tal sitio o a la de Y en tal otro, o a ninguna de las dos porque a las 18h reunión de GET en Kids Room. Y el barco tiene 11 pisos. Tres días en él, y ya me perdí dos veces, jujuju.

El día 30 presentamos el programa GET a los pasajeros… por la mañana nos paseamos con carteles colgando que hicimos nosotros mismos para anunciar el evento, y a las 16h empezamos!!! Cantamos una canción todos juntos (le cambiamos la letra a Hello Goodbye de los Beatles) y luego hicimos breves demostraciones de cada parte del programa de idiomas. Fue muy divertido y a los asistentes les hizo mucha gracia vernos hacer de alumnos japoneses cuando simulábamos clases. La grandísima mayoría de ellos son jubilados y, dicho sea de paso, encantadores. Por la noche bailamos todos como locos, y pude comprobar que a pesar de tener sus años, algunos tienen una energía inagotable!!! (una mujer se puso a bailar conmigo y no me dejaba respirar casi de tanto bailar!!). Y mis compis profes son, simplemente, geniales. No puedo pedir más: una maravillosa despedida en Tokio, mis primeros pasos en el barco con sonrisas y ejercicio, una compañía envidiable y el haber vivido ya un día de 25 horas (sí sí, he vivido un día de 25 horas!!)… pero eso, lo dejo para otro post :)

Y ahora, ataco y atraco en nuestro primer puerto, Taiwan :D

Un abrazo muy muy fuerte desde el Pacífico.

Haciendo prácticas por si surge alguna emergencia en el barco. La de la derecha es Tara, mi roommate :)